jueves, 20 de febrero de 2020

¿Qué es el Expediente ROYUELA?


Por Luis Alfonso del Morral


Desde la cautela y la más estricta prudencia que se exige al tratar temas que suponen una imputación delictiva, ilustro con brevedad lo que se ha venido a llamar Expediente Royuela. Supuestamente, y siempre según declaraciones de la familia Royuela, se ha destapado una trama criminal parasitaria de la Administración de Justicia y de la Ficalía con conexiones políticas y de las Cloacas del Estado. Según afirman los valedores de esta información, teóricamente bien documentada y probada, dicha trama ha impedido la incoación de procedimientos instructores por los graves delitos de los que, supuestamente, importantes personalidades de la Fiscalía y la judicatura son responsables.

Si bien la información destapada parece gravemente verídica, habida cuenta de la patente corrupción intrainstitucional (Villarejo, 11-M, 23-F), desde aquí no puede afirmarse ni la falsedad ni la veracidad de los hechos que se imputan. Solamente, y a los meros efectos dialécticos, se trae a colación un asunto que sin duda reviste gran interés. 


Para más información y para conocer la versión de los acusadores, adjuntamos vídeo de su entrevista en Radio Ya. 

Saludos.




La pedofilia en Valencia tiene a su benefactora: la comunista y catalanista Mónica Oltra





Por J.M. Pérez

La rama valenciana de la pedofilia institucionalizada adquiere un nuevo tinte: la Fiscalía sitúa a la actual Vicepresidenta del gobierno valenciano y líder del partido catalanista “Compromis”, la ínclita Mónica Oltra, como encubridora del abuso sexual contra una menor tutelada perpetrado en 2017 por su entonces marido, Luis Eduardo Ramírez. El susodicho fue condenado en diciembre de 2019 a 5 años de cárcel por abuso sexual continuado contra una menor de 13 años tutelada en un centro de acogida dependiente de la Consejería de Igualdad regida entonces por la que era su esposa: Mónica Oltra.
La sentencia contra el hoy ex marido de Oltra fue clara. Por las noches, cuando la niña de 13 años se quedaba a solas en su habitación, entraba sigilosamente este sujeto que ejercía como “educador”. Cuando por fin se quedaba dormida, él sacaba su miembro sexual, agarraba la mano de la niña y se masturbaba con ella. Pensaba, el cuidador pedófilo, que la niña estaba dormida y que no se daba cuenta. Ella, en realidad, era consciente en todo momento. Pero estaba demasiado aterrada como para protestar, pues sabía que ese “educador” era el marido de la Vicepresidenta y Consejera de Bienestar Social del gobierno socialcatalanista valenciano, la poderosa Mónica Oltra.
El educador Luis Eduardo Ramírez Icardi, un monitor de origen argentino, fue marido de Oltra cuando se produjeron los abusos en los años 2016 y 2017. La niña relató los abusos al personal directivo del centro, que no elevó denuncia a la Fiscalía de Menores. El departamento de Mónica Oltra tuvo constancia en todo momento de los hechos, pero los silenció. Tuvieron que pasar largos meses hasta que la Policía puso en conocimiento de la Fiscalía los hechos, relatados de forma ya agónica y temerosa por la niña de 13 años que durante meses estuvo sometida a la presión ambiental del centro para no denunciar al entonces marido de la Vicepresidenta valenciana y trabajador del centro.
Todo no acabó con la condena el pasado mes de diciembre al pederasta Luis Eduardo Ramírez. La Fiscalía pone ahora contra las cuerdas a la vicepresidenta valenciana Mónica Oltra por el cada vez más palpable encubrimiento del delito que se habría producido al silenciar la denuncia de la menor y al encargar una prueba pericial sobre la niña que no fue entregada al Tribunal instructor de la causa penal contra el marido de Oltra.
La hipocresía canalla e inmoral de Mónica Oltra es palmaria. Emprendió en 2017 una lucha contra las organizaciones católicas que custodian menores desamparados, acusándolas de todo tipo de abusos. Las religiosas capuchinas del centro de menores de Segorbe fueron acusadas de “maltratar a menores, negarles la comida y ducharlos con agua fría”. Una denuncia que se reveló falsa y por la que Oltra no ha sido todavía condenada –hay interpuesta querella contra ella- pero que le sirvió para apoderarse de los menores, estigmatizar a las monjas y reubicar a los niños en otros centros donde el partido politico “Compromis” sitúa a sus trepas y enchufados. Y de 'incorruptible', Oltra pasó a corruptora: porque mientras perseguía sin pruebas y por motivos de odio anticatólico a curas y monjas, Oltra encubría y silenciaba los abusos a menores de su marido cuando éste era un enchufado en un centro dependiente de la Consejería dirigida por la propia Monica Oltra.
La trama pedófila valenciana del partido izquierdista Compromis camina junto a la balear. La balear es aquella protagonizada por la socialista Francina Armengol y sus socios podemitas del gobierno balear que se negaron en varias ocasiones –la última a petición de Vox- a iniciar una investigación sobre los presuntos abusos y coacciones de proxenetas contra menores tuteladas por el gobierno balear. Este pasado mes de enero afloraron 16 casos de abusos, cuyo número continua aumentando. La Fiscalía y la Policía, pese a la obstrucción del gobierno balear, dirigen la investigación.
El relato izquierdista de que es el Estado progre, y no los padres, los que mejor y más “correctamente” educan y tutelan a los niños se rompe. La aversión izquierdista por el “PIN parental” y su desenfrenado deseo por arrebatar niños a los padres y tutelarlos saca sus colores de la vergüenza cuando se analizan no sólo los casos de pedofilia, sino las subvenciones que la Unión Europea otorga por cada menor tutelado a los gobiernos regionales (entre 4000 y 9000 euros) y por cada centro de acogida (más de 60 mil euros anuales).
El chollo/negocio clientelar de los políticos de izquierda a cuenta de los menores tutelados y la espiral delictiva que arrastra es un inmenso océano de canallas donde seres sin escrúpulos como la valenciana Mónica Oltra o la balear Francina Armengol crean su red expoliadora y corruptora.

Los felones, cuentistas y vividores del chollo de la inmigración


Por J.M. Pérez

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha avalado mediante una sentencia firme la legalidad y procedencia de las expulsiones fulminantes de inmigrantes ilegales asaltadores de vallas, violadores de nuestras fronteras y agresores de nuestros policías. Una noticia excelente, que sirve de apoyo a la labor de la Guardia Civil y a la defensa del territorio español, y que disgusta a la izquierda proinmigracionista, islamófila y multiculturalista.

A mí, el hecho de que un Tribunal extranjero dicte sentencias sobre competencias que debieran ser de la estricta gestión de España, no me gusta. Pero esta sentencia sí. Y he de aplaudirla, aunque de poco o nada vaya a servir cuando estamos gobernados por quiénes abren y abrirán los puertos y las fronteras para acoger a los “Aquarius” y “Open Arms” que se les presenten.

La enorme gravedad del problema migratorio que sufre España reside en la cobardía de los felones gobernantes de España desde los años 90 a esta parte, que es cuando sufrimos el desgarro de un fenómeno de invasión donde nuestras fronteras son papel mojado para la irrupción de inmigrantes ilegales.

Aznar se fue del gobierno en 2004 dejando España con 3.500.000 inmigrantes. Cuando llegó al gobierno a penas había 500000. Posteriormente Zapatero y las regularizaciones masivas de Jesús Caldera -Ministro de Trabajo-, legalizaron en dos años a más de dos millones de inmigrantes. La burbuja inmobiliaria y crediticia hicieron su agosto con mano de obra barata inmigrante destinada a reventar salarios, y a producir la futura crisis que estalló en 2008.

Hoy, bajo la conjunción gubernativa socialpodemita España vuelve a las andadas. Existen pisos en Valencia, Madrid, Barcelona o Vitoria en manos de ONGs donde en un solo piso hay decenas de magrebíes empadronados, pero casualmente no vive ninguno. Cuando pasan 2 años tras su empadronamiento, el marroquí o argelino viene a instalarse en España para cobrar la paga en forma de “ayuda social” que proporciona la Comunidad Autónoma respectiva. En la Comunidad Valenciana los inmigrantes ilegales, estando un año empadronados, pueden acceder a una paga de 532 euros mensuales impulsada por la ultraizquierdista Mónica Oltra en 2017. En 2004 estalló en los periódicos la primera noticia de “piso patera” fantasma: en Vitoria había un inmueble donde estaban empadronados 45 magrebíes, de los cuales ni uno solo residía allí.

Cabe recordar que las ONGs, por cada inmigrante ilegal que consiguen dar de alta en un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros), cobran jugosas subvenciones por parte del Estado y de la Unión Europea. La Policía ha denunciado esta situación. La dictadura políticamente correcta, la silencia.

Del mismo modo por cada menor inmigrante “mena” (menores extranjeros no acompañados), el centro de acogida recibe dinero del contribuyente canalizado a través de subvenciones sinuosas. La Unión Europea subvenciona a los gobiernos autonómicos por cada “mena” tutelado (entre 4000 y 9000 euros por menor) , así como a los centros que los acogen (más de 60.000 euros al año). Cada plaza de “mena” nos cuesta a los contribuyentes 7000 euros mensuales como media. Conviene recordar que Comunidades como Cataluña otorgan 600 euros de paga mensual a los “menas” de edades comprendidas entre 18 y 23 años, y que el gobierno autonómico de Madrid, con la única oposición parlamentaria de Vox, va a destinar más de 24 millones de euros en pocos meses para atender a más “menas”.

Cuando el menor extranjero cumple la mayoría de edad accede al derecho a la reagrupación familiar y a las rentas de inserción mínima para inmigrantes que superan a los sueldos y las pensiones que cobran miles de trabajadores españoles.

Ser “mena” en España es un chollo pues Marruecos vulnera los Acuerdos de repatriación de menores suscritos con España; España se baja los pantalones ante Mohammed VI; y los contribuyentes pagamos a estos menores la manutención, la sanidad, los estudios y, por supuesto, la responsabilidad civil en la que incurren cada vez que violan, agreden o destrozan el mobiliario. Los vecinos del barrio madrileño de Hortaleza, los valencianos de localidades como Buñol o los catalanes de Castelldefels que alojaron -o alojan- “menas”, sufridores de la delincuencia de estos jóvenes marginales, dan cuenta de su criminalidad blanqueada por los políticos bienquedistas como Isabel Diaz Ayuso o por los rojos apátridas.

La inmigración ilegal conlleva, además de una sigilosa y progresiva destrucción cultural de España y Europa, una inmensa red de vividores y trepas: desde ONGs, hasta comunidades autónomas y políticos de todo pelaje que sitúan al frente de sus cortijos de sacamantecas a sus familiares y amigos. Esta práctica es bastante habitual en la Comunidad Valenciana gobernada por el PSOE y la vicepresidenta autonómica ultraizquierdista Mónica Oltra, cuyo marido, enchufado en un centro de tutela de menores fue procesado y condenado por abusar de una menor habiendo sido protegido por la que entonces era todavía su esposa, la vicepresidenta valenciana Oltra.

El caso del proxenetismo y el abuso contra menores tutelados perpetrado en Mallorca con el silenciamiento, durante años, por parte del gobierno socialpodemita balear, es otro paradigma de hasta dónde hunde sus tentáculos el negocio, corrupción y degeneración de las autoridades políticas de izquierdas que hacen de la tutela de menores su negociazo inmoral.

El problema de España con la inmigración es de fronteras, es de políticos, es de falta de soberanía y es, no lo olvidemos, también del chorreo público que beneficia a saqueadores, enchufados y trepas que manejan toneladas de millones de euros de dinero del contribuyente para su enriquecimiento y chiringuitos.

Canibalismo sobre la agricultura española y un Ministro vago y traidor



Por J.M. Pérez

Manda güevos que un botarate sinfónico del socialismo de postín encorbatado como Luis Planas, Ministro de Agricultura, venga a dar lecciones a los agricultores que madrugan sobre los porqués del canibalismo que están sufriendo.

Los agricultores españoles se han puesto en pie de guerra contra la ruina inminente, promovida por piratas parásitos como el Ministro Luis Planas, un personaje nefasto y vividor del gobierno socialista de Pedro Sánchez a razón de más de 70 euros anuales de sueldo ministerial.

Para marear la perdiz e insuflar demagogia falsaria inyectando odio de clases al más puro estilo marxista, Luis Planas y el profanador Pedro Sánchez echan la culpa de los precios de miseria a las “grandes distribuidoras” y supermercados, convertidos por el lenguaraz y viperino vocabulario socialista en los nuevos caciques de España, en los carca-fachas explotadores.

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Y ni por asomo va el problema con Carrefour, Mercadona o Lidl. Ese cuento socialista de confrontación es el mismo que el aplicado por el sindicalista Pepe Alvarez -“pañuelitos” de UGT-, cuando tildó las protestas del campo extremeño como agitaciones de “terratenientes y carcas”.

Ya está bien de discursos tramposos, decimonónicos y absurdos. El opresor del agricultor español no es otro que el Estado de políticos trepas y sus taifas autonómicas, así como la Unión Europea y su enjambre de directivas y prohibiciones abusivas.

Las envasadoras, las distribuidoras, las empresas logísticas de transporte…En definitiva, los intermediarios, barren para casa, para favorecer su beneficio; como todo hijo de buen vecino que quiere competir y sobrevivir en esta sociedad. El precio final del producto al público está ajustado al máximo por los vendedores para poder competir con tantos otros actores como existen en el panorama del mercado libre. Es mentira que la culpa de la depredación sobre el precio de origen que cobra el productor agrario sea de los intermediarios o de las “grandes superficies”. Creer este cuento es caer en la red del marxismo económico, en el discurso de lucha de clases, y en el blanqueamiento del socialismo que es junto a los tecnócratas de la UE, los únicos culpables de la ruina agrícola española.

Desde los años 80 del pasado siglo los costes energéticos sobre los españoles, y no digamos ya sobre los agricultores, se han multiplicado gracias a la progresiva liquidación de la energía nuclear que abarataba la factura, y que era la genialidad introducida por el franquismo para hacer de España una potencia energética soberana; el felipismo firmó con la Unión Europea su sentencia de muerte. Desde los años 80, España, por imposición de la UE ha aceptado cuotas limitativas sobre sus lácteos, sobre su vid o sobre su olivar. Desde los años 90, un caramelo envenenado llamado PAC (Política Agraria Común) y sus subvenciones tramposas, han convertido a España en mayordomo de Alemania y Francia que han puesto a nuestra agricultura española al abasto de sus caprichos y deseos. Desde los años 2000, infectos Tratados de Libre Comercio con terceros países tercermundistas, hechos para debilitar a España como potencia citrícola y hortofrutícola, han favorecido que millones de toneladas de naranja sudafricana o tomate marroquí (por citar sólo dos ejemplos) invadan suelo europeo para hundir a nuestros productores españoles en una clara situación de competencia desleal.

Socialistas, populares, liberales, verdes, y demás esbirros de la globalización entusiasta votaron a favor de esos pérfidos Acuerdos comerciales que eran un misil de flotación contra la agricultura española.

Sobre la faz de Merkel y Macron está grabada a fuego, como en la de sus antecesores, la voluntad de hacer que la agricultura española sea una nadería descuajada ante el nacionalismo agrario y ganadero francés u holandés, que se han convertido en los privilegiados por los Tratados y acuerdos europeos. España ha sido como la puta barata en Europa; ha puesto la cama, y encima no la han pagado. Los británicos, que no quieren soltar una libra para seguir soportando un club europeo fracasado, fueron astutos; no se unieron al Euro y ahora que la mierda inunda las alforjas de la Unión (anti)Europea frente a una nueva recesión, se las piran. Los apátridas de PSOE y PP en conjunción con sindicalistas marranos y podemitas bolivarianos, han despedazado España para satisfacer sus obsesiones ideológicas unos, y su cobardía los otros.

La izquierda española junto a las oligarquías de la Unión Europea, absorbidos por el credo “Green new deal” de Greta Thunberg, son defensores del fin del diesel (del que viven los agricultores) y son ejecutores de los abrasadores impuestos camuflados (como la demagógica y absurda subida del Salario Mínimo Interprofesional decretada por el profanador Pedro Sánchez). Y son por ende los culpables de la ruina del agro español al aumentar los actuales costes de las explotaciones agrarias hasta extremos insostenibles.

Más valdría a los socialistas tramposos dejarse de las estúpidas majaderías marxistas para desviar sus culpas hacia otros, y luchar de verdad por el campo español recobrando el pulso de nuestra soberanía y nuestra libertad nacional. Si los agricultores y ganaderos españoles tienen un opresor que los lamina en los precios de origen es el Estado ladrón y vampírico de este comunismo voraz y confiscador que con impuestos para mantener Autonomías, politicastros, ONGs y parasitismos varios, está asfixiando a la España que trabaja.



jueves, 6 de febrero de 2020

Derecha social identitaria: por los agricultores y por la Europa de las Patrias




Por J.M. Pérez

La catástrofe de la vieja política europea se ve en la cacharrería de canallas vestidos de postín, pegados a las ubres burócratas europarlamentarias de Bruselas que no sirven para nada, salvo para imponer a las Naciones los candados a su libertad y a su seguridad.

“Tratados de libre comercio” con Sudáfrica o Marruecos que hunden nuestra agricultura autóctona española, o escandalosas “cuotas de aceptación de inmigrantes refugiados” a los Estados miembros, son obsequios pactados e impuestos a los pueblos europeos por los “eurodirigentes” pegados a cenáculos oscurantistas como la Comisión europea o el Consejo europeo.

La Unión Europea ha evolucionado hacia un indisimulado aparataje de directivas, reglamentos y directrices que socavan a las Naciones del “club” en sus mimbres más elementales. Hay Directivas europeas de control a nuestros ganaderos y agricultores que los aplastan con exigencias de calidad rigurosas, mientras productores predadores marroquíes, turcos o sudafricanos entran a nuestro continente para barrer a nuestros agricultores locales.

Existe una alianza abierta y enconada de los partidos del “establishment europeo”, liberales, peperos, socialistas, comunistas y verdes, de todas las naciones, para imponer el modelo antieuropeo de la “multiculturalidad”; para aceptar la pretensión del Fondo Monetario Internacional y de la ONU, de que Europa necesita más de 300 millones de inmigrantes en los próximos 30 años. Christine Lagarde, actual presidenta del Banco Central Europeo, y exdirigente del FMI, ya vaticinó que España necesitaba 6 millones de inmigrantes en los próximos 20 años. La agenda proinmigracionista está oficialmente impuesta en Occidente. Y los resultados están a la vista: la Seguridad Social española en caída libre y quebrada, la reposición demográfica se sitúa en un invierno pavoroso y la delincuencia sexual y el terrorismo de corte islamista, van en aumento. Los nigerianos que arriban a España en patera, o los “menas” que nos cuestan 7000 euros mensuales, no vienen a pagarnos ninguna pensión, sino a hundir el sistema.

Y es necesario, perentorio y de importancia suprema que en este contexto europeo donde se han arrasado las políticas natalistas, y se ha impuesto el proinmigracionismo, el abortismo y el neofeminismo, surjan voces discrepantes; voces hartas de ese letal consenso europeo favorable al exterminio de las fronteras nacionales y a la implantación de ideologías sociales disolventes. Es necesario erigir una “nueva política” sobre la defensa de la familia tradicional como institución a preservar y dentro de los valores conservadores que compactaron las antaño Naciones grandes como España: autoridad familiar y paterna, respeto a la ley, la homonegeneidad cultural cristiana, la natalidad premiada con beneficios fiscales y seguridad jurídica, la igualdad de todos los sexos ante la ley o el proteccionismo económico racional compaginado con la libertad económica y el mercado regulado.

Esta “nueva política” que es el retorno a la sensatez, se está comenzando a hilvanar como contrapeso al liberalismo desnortado fracasado, y en ella se han metido de lleno los líderes de la derecha social e identitaria europea, reunidos en la “Conferencia de Conservadurismo nacional” celebrada en Italia en el día de hoy. A ella han acudido el primer ministro de Hungría Victor Orban; Anna Maria Anders embajadora polaca en Italia; conservadores británicos; representantes de la Liga de Matteo Salvini; Giorgia Meloni de “Hermanos de Italia”; Santiago Abascal de Vox y Marion Marechal Le Pen, entre otros.

Vox ha dado un paso de gigante en su significación como baluarte del euroescepticismo español, la derecha social y la nueva política. Vox ha de saber que algunos de los más agrios problemas que enfrenta España, motivados por gobernantes españoles que han cedido soberanía de forma irresponsable, son consecuencia de una Unión Europea cada vez más déspota e intrusiva en sus recortes a la libertad de los españoles y sus costumbres. Vox ha de saber que la agricultura española y la ganadería hoy en pie de protesta por su ruina inminente no pueden depender de los dictados interesados y espurios de unas élites económicas y políticas subsumidas en las creencias de George Soros sobre el libre mercado desaforado y el exterminio de las fronteras nacionales. Vox ha de saber que las apetencias de una tirana antisocial como Christine Lagarde no pueden liquidar los derechos de nuestros pensionistas, dependientes ni desempleados.

La natalidad y el crecimiento demográfico de España, nuestro Estado del Bienestar español que comenzó a labrarse en los años 60 del pasado siglo, no puede pender del capricho mentiroso del cuento de la “inmigración” fomentado por los intereses de los caciques deseosos de mano de obra barata para reventar salarios. La industrialización nacional de España, nuestro abastecimiento energético o nuestra alimentación no pueden depender de la agenda liberticida de “Greta Thunberg” que la Unión Europea ha adoptado al unísono declarando la guerra a la carne, al diesel, a la caza y a la energía nuclear.

Nuestra forma de vida y nuestras libertades como españoles en un Estado de derecho no pueden depender de las resoluciones grotescas de tribunales regionales alemanes y belgas o de otros, que como el Tribunal de derechos humanos se erigen en benefactores de etarras y separatistas por oscuros conchaveos con el socialismo y la masonería.

La alianza por la Europa de las Patrias y los derechos sociales a la que se ha unido Vox con otras fuerzas patriotas europeas es una esperanza; la única posible a día de hoy para dar la batalla cultural y política contra la desaparición de las Naciones occidentales y de la libertad de sus gentes. Vox ha tomado una senda inteligente. Si no la defrauda, la España harta y rebelde, la que con cada vez menos complejos observa sus problemas reales, secundará a Abascal. La “nueva política” ha de enterrar a la vieja, fracasada y apátrida. Adelante con ella.

martes, 4 de febrero de 2020

Vuelve "La Conquista del Estado"



Por Víctor Hernández

Una nueva publicación inconformista y joven echa a andar por los caminos de España. Atrevida, certera, visonaria y orgullosa, La Conquista del Estado recoge y dispara hacia el futuro lo mejor de nuestra herencia revolucionaria. Puedes consultar AQUÍ los números semanales de La Conquista del Estado

La conquista del Estado.
Manifiesto.

Twitter: @laconquistaXXI   Instagram: @laconquistadelestado



Madrid, 1 de enero de 2020.

La primera gran angustia que se apodera de todo hombre con sensibilidad de español, es advertir cómo España vive desde hace mucho tiempo en perpetua fuga de misma; desleal a sus valores, infiel a su realización, dividida por el odio y dirigida por una clase política inepta.
España está sumida en una autonegación suicida que nos sitúa en las lindes de la descomposición histórica. Hemos perdido el impulso universal, el que nos llevó, con un puñado de españoles, a dominar el mundo; a situar a España como la madre de la cultura occidental para después convertirnos en una potencia de segunda, una colonia de la unión europea, la taberna y festival de EEUU, sin capacidad para extirpar la miopía atroz, la torpeza, que HASTA AQUÍ ha presidido todos los intentos de resurgimiento. Pero hoy se nos presenta el momento justo, la coyuntura más propicia para el cambio, con que puede soñar pueblo alguno; hemos comprobado que las formas de gobierno imperantes en España son ineficaces, pusilánimes y traidoras.
Después de convocarnos a votar tres veces en un mismo año haciendo de esta acción rutina de los españoles, seguimos sin gobierno en medio de una inmensa crisis moral, social y económica. Las agrupaciones políticas que hoy el abanico democrático nos ofrece (conservadores y progresistas) no ha logrado recuperar el timón de los grandes destinos españoles, en lugar de ello, ha sumido a la patria en una constante lucha democrática, donde todo vale, donde las agresiones más feroces contra la patria pueden ser formuladas si se tramitan de acuerdo a la ley electoral, donde nadie cree ya en España. En esto han convertido las opciones políticas usuales a nuestra nación; en una charanga ridícula.
Frente a las izquierdas y a las derechas nosotros creemos en España, y sin divisiones laterales, ni prejuicios, ni miedo a pensar en voz alta, INICIAMOS HOY UNA ACCIÓN REVOLUCIONARIA EN PRO DE UN ORDEN DE NOVEDAD RADICAL.



Sigue AQUÍ el resto del Manifiesto y primero número de La Conquista del Estado


Queridos urbanitas


  

Artículo publicado en la revista La Conquista del Estado nº5, Madrid, 1 de febrero de 2020
https://drive.google.com/drive/folders/1_WEMltvijiLB2QXu2GPwx1F_t8WbTP1b


Por P.P.C. 

 No se si ustedes saben la situación que hoy vive nuestro mundo rural. Mundo rural, mundo rural, ¿a qué les suena?

   No me equivoco, apreciado urbanita, si con todo (o con ningún) aprecio les digo que no le suena a nada. Probablemente les huela a abono, estiércol o pescado. Es más, me aventuro a decir que les evoca a un señor de unos 50 años con aroma a Brumel, puro y carajillo al grito de un “Viva España” poco vocalizado.

   No pueden estar ustedes más equivocados. Se sientes conocedores del mundo rural por pasar un mes de vacaciones en su pueblo de Castilla, riéndose de las palabras mal dichas de los que cuidan y miman sus tierras. Se sientes conocedores del mundo rural cuando pasean por los puertos de Valencia viendo a los pescadores descargar las pocas piezas que permiten su subsistencia como si de un zoológico se tratara. Se sienten conocedores del mundo rural cuando, vestidos con una sudadera y unos pantalones pitillo bajo los que asoman calcetines arcoíricos, se acercan al bar de su pueblo en el que ven almorzar a lo que a usted le parecen bestias.

   Imagínese si se siente conocedor del mundo rural que se permite el lujo de entonar en su fino hablar de capital algún “unga unga” acompañado de una perfecta sonrisa de ortodoncia y una caricia a su pelo recién peinado con algún potingue más caro que un litro de aceite de oliva.

    Usted no conoce nada, querido urbanita, no conoce que el campo, el mar y la mina son la base de absolutamente todo. No conoce que ese lugar al que no llega el metro es el sustento económico y cultural de nuestra nación. No entiende que, para ellos, para nosotros, España es la tierra y quien la trabaja. Ese “Viva España” poco vocalizado esconde callos en las manos, esconde la piel curtida por los cortes en las palmas al varear o al recoger naranjas, esconde el almuerzo a media mañana devorado por el agotamiento. Ese “Viva España” esconde un gracias a la tierra, un gracias al sostén patrio, un gracias al mundo rural.

   Y con esto acabo, querido urbanita, diciéndole que ya está bien. Que las manifestaciones en Extremadura y en Jaén son cosa de todos. Por mucho que su pasividad y la puesta en venta del sector primario por parte de la clase política se empeñen en destruir la esencia de nuestra patria. El mundo rural lucha, España lucha.

      No lo conseguirán, Jaén seguirá siendo un mar de olivos.